jueves, diciembre 27, 2007

Esta noche

Esta noche se ha perdido una herida,
aquella en la cual fluye mi suerte,
tan frágil como vela encendida
a merced de una tempestad agreste...

Hay una luz que espera
esa ansiada llegada del primer beso,
aquél que reside en el recuerdo de muchas fantasías,
que son imágenes perdidas
donde los sueños lo son todo,
donde la esperanza se pierde y renace día a día...

Existe una mirada perdida
que vaga sin mente,
atenta a una vida
ajena a otro calendario,
mirando a través de la nada
buscando y anhelando,
es una mirada oscura en busca de su luz...

Esta noche ha muerto la vida,
aquella que ahonda en el alma,
y mueve el mundo en sentido contrario,
llegando a las fibras más insípidas
que a criterio de los ángeles
se ha perdido en el mar que conforman los demás...

En el corredor

Mar de vainilla y hiel
toda la furia quedó en la piel,
como selva virgen que mis años quemaban,
en contacto libido se anidaban.

Toque sensual de las olas con mi arena
sin remordimientos inmediatos
enfocando una lujuria ajena
engendrando sentimientos no natos.

Olvidando la muerte que acechaba
como un alfil de recelo,
mi piel con el alma se involucraba,
cayendo en el hondo abismo del cielo.

Atormentando al verdugo druida
era cuestión de lujuria, confianza y amor,
la lujuria quedó por los dos consumida,
la confianza y el amor, en el corredor.

En brazos del cielo

Ella danza en fuego
junto al demonio nocturno,
en su rotar brotan visiones
de un pretérito fortuito
y emocional.

Ella espera en brazos del cielo
y la luna ha roto su hechizo:
ahora sólo el exceso,
ahora sólo la noche,
eterna y fugaz cual idilio.

Sangre y alcohol
muerte y falsa alegría
invocando a Baco en cada giro,
soportando el asco
que su presencia inspira.

El llanto encontrado

Recuerda la danza de invierno
en donde los lobos gritaron
la agonía que hoy sufren,
y la marca que lleva su casta...
recuerda la guerra de miradas
y el enfrentamiento inicial
entre el arquero y el mar,
el guerrero y la sal,
la bestia y la paz...
recuerda a la luna de sangre
en donde los perros huyeron
y Ursus curó la locura
con la lengua del maldito
y el abrazo del demonio turquesa,
con la furia de un amante perdido
y el llanto encontrado
de un dios muerto y empalado,
con la esperanza de conquista
y la pena del verdugo druida,
todo pagado con la derrota:
ante el ominoso demonio negro,
hechicero de la magia lunar,
ladrón advenedizo de mentes,
cuya armadura enceguece
incluso a los infradioses humanos
que atrapan en sus manos
los destinos de sus oradores;
recuerda la invocación,
en cualquier tiempo o lugar,
la bestia cuida,
la bestia protege
del peligro que acontece
en tu vasta vida
y la evolución divina
de los mensajeros del cordero;
en vertientes del fuego,
que te consume el alma
y destroza tu razón,
recuerda la invocación,
que la bestia no es sorda,
y mucho menos a tu voz.

El lamento del viento

Escucha el lamento del viento,
su tenue llanto repiqueteando en tu alma,
mensajero de viejos augurios,
moribundo eterno desde el génesis agrio;
observa su obra:
la erosión continua en tu corazón receloso,
las heridas en tu ego,
la desconfianza en la realidad,
ahora que te has confinado a la confusión,
la incertidumbre es tu propia mente,
los juegos del viento en tu destino
que como hoja seca te lleva,
ignorando a dónde irás a parar.

El invasor

Marcando una fúnebre marcha,
vitoreando al dragón,
camina afable la ruina de la vida,
aquella conciencia infantil
que repite y repite,
siempre la misma estrofa;
y lleva de la mano su suerte
convertida en desgracia
y vestida de luto;
el cortejo ha perdido su rostro,
los dolientes infames
han decidido no soltar lágrima alguna,
porque la bestia así lo quiso,
porque su muerte ha fastidiado
al reino y al pantano,
y en lontananza hay un invasor,
hay un invasor que observa
(el invasor es la bestia)
montado en un negro corcel,
y recuerda la batalla
donde el dragón mató a la bestia,
donde el amor perdió a su presa,
donde el jade olvidó su derrota...

El destino de la Bestia

Han muerto las grandes glorias,
y la bestia observa una tumba solitaria...
la observa y la llora en silencio,
porque su alma está en ella,
porque su esperanza se ha ido
y yace bajo la hierba.

Hace tanto tiempo
que la luna ha desaparecido de las noches,
ahora la bestia ni su nombre murmura,
ahora ya nada le importa,
solamente le quedan las propias batallas,
aquéllas en donde las armas
ocupan el lugar de las damas...

Solamente quedan las batallas
donde el enemigo puede ser uno mismo...
no quedan motivos ni reinos,
ni villas ni princesas...
tan sólo quedan los odios,
tan sólo las tristezas...

Ya no hay ejércitos para la bestia,
pero quedan los demonios,
los que lo embaten día a día,
los que le robaron la esperanza...
aquellos demonios que lo corroen
desde el fondo de su alma...

Los gritos de guerra lo aturden,
pero está decidido a morir,
sea peleando, sea matando,
pero jamás suplicará
ni pedirá clemencia alguna,
siempre continuará hasta el final de la guerra...

Ahora cabalga en paz...
lo acompañan la locura y la demencia,
la primera le absorbe de todo,
la segunda le roba la ciencia.

Dos espadas

Dos espadas
dibujando amenazas
cortando el aliento,
y el siseo de la hoja,
que penetra,
que sorprende.

Bello duelo
tan grotesco
como magno,
y la vida languidece
ante el filo sin escrúpulos.

Tres zodiacos,
un enlace
y el amor
desmiente la ira,
provocada,
lasciva.

Todos ganan
desventura,
conciencia inquisitiva
de la sombra
milenaria y etérea,
por sereno y rapaz.

Diálogos crípticos

I

- ¿Qué miras?
- Veo más allá de tu recuerdo...
- ¿Y qué hay ahí?
- Nada. Sólo vacío... sueños que jamás compartimos, y luego nada, sólo vacío...
- ¿Entonces qué fue lo que pasó?
- Un engaño... una ilusión... la locura desbordada y volcada en la sombra, aferrándose al deseo del viento, envejecido ante su propio reflejo...
- ¿Y ahora... qué pasara?
- No lo sé... quizá el camino se bifurque y la sombra cubra nuestros rostros, y el silencio asesine nuestras palabras y cubra con su manto nuestros oídos, quizá olvidemos nuestros nombres y jamás nos acordemos que existimos...
- Lo siento...
- Yo no... así debió ser... la magia desapareció y la desilusión me muestra por su ventana al mundo... un mundo, el mundo sin tí...
- ¿Por qué?
- Porque así será hasta que vuelvas a llamarme... si aún recuerdas quién soy.
- Temo que no vengas.
- La respuesta no está en mí, sino en tu alma... en ese gran enigma que conforma tu ser... aún para tí...
- ¿Por qué te marchas?
- Porque nada tengo que hacer aquí... no soy necesario para que el sol vierta su semilla luminosa en tu reino, además mi otra parte reclama verme una vez más entero, hacía mucho que no volvía al vacío, al mutismo necio que requiere el análisis del mundo...
- ¿Acaso éste es el adiós?
- Lo será en la medida que tú lo requieras...
- Entonces adiós... ¿Por qué no respondes?
- Porque ya me he ido.


II

- Has regresado.
- Así es...
- Pero eres diferente.
- Lo sé...
- ¿Más triste acaso?
- No. Más solo.
- ¿Duele eso?
- Eso lo sabes mejor que yo.
- ¿Qué haces aquí?
- Sigo mi camino... solo.
- ¿Así nada más? ¿Sin emoción?
- Así es...
- ¿Tu camino te trajo hasta aquí?... Precisamente hacia donde estoy.
- Así es...
- ¿Por qué?
- Porque no me has dejado partir del todo... porque tus necesidades me han llamado.
- Eso no es cierto...
- Si así fuera, no usarías mis oídos para verter en ellos tus penas...
- Pero nadie te pidió que escucharas...
- Es verdad...
- ¿Y por qué estás aquí?
- Nuestras sendas volvieron a encontrarse, nada más.
- ¿Cuándo llegaste?
- Antes de que siquiera lo notaras... cuando jugabas con el hijo preferido y con el héroe troyano...
- ¿Y tú con quién estabas?
- Con la hija del campo, la esposa del profeta, la alianza de demonios y con tu recuerdo.
- ¿Con mi recuerdo?
- Jugué a que lo olvidaba.
- ¿Y qué sucedió?
- Sólo logré acostumbrarme a él, siempre es el mismo... pero sin emoción.
- Es triste...
- ¿Qué se le puede hacer?
- ¿Y qué harás ahora?
- Seguir mi camino.
- ¿Por qué ahora que has vuelto?
- Porque temo perder el valor de dejarte ir...

III

- Odio que la gente muera...
- ¿Por qué?
- Porque después de un tiempo llegas a extrañarla y no puedes remediar eso...
- También se extraña a los vivos y eso tampoco tiene solución en algunos casos.
- ¿Como en cuáles?
- Como cuando te extrañas a tí mismo...
- Eso es fuerte.
- Como el sonido de un trueno en el interior de un vaso demencial, como el grito de una loba ante el cadáver de su protector a la luz de una luna de sangre en un desierto de hielo, como los versos que se guardan en el olvido y se representan en uno sólo, como las palabras que no encuentro para definir ese sentimiento, pero que sé que ahí están...
- Es difícil ser azul y dorado a la vez. Ser cielo abisal y cruento redentor de sí mismo.
- ¿Otra vez acertijos?
- No. Preparo la siguiente cuestión que a mi lado se formule.
- ¿Cuándo hablarás claro?
- Siempre lo hago...
- ¡Mentira!
- Entenderás lo que diga cuando sepas de qué hablo. Si escuchas mi voz con atención desde el fondo de tu alma. En mis palabras está la solución de lo que llamas acertijos. Abre tu mente y tu corazón y lo entenderás...
- ¿Cuándo será eso?
- Cuando yo no esté más a tu lado. Cuando me encuentres lejos.
- ¿Por qué?
- Porque así llegarás a extrañarme sin que me haya marchado.

Despedida labrada en piedra

A veces me quedo callado
ante tu presencia,
es un miedo mordaz
a romperte con sólo proferir algún sonido,
o es quizá el temor de retar
la grandeza de tu alma,
de quizá ofenderla
con un poco de mi insípido amor...

A veces las frases
no siempre dicen
lo que uno quisiera realmente,
o será quizá
que no te has dignado a mirar
a esta parte del mundo...
es tal vez la sola idea
de interrumpir el sortilegio que provoca
tu mirada en mi voluntad,
o la invasión a mis sentidos
originada en los tuyos...

Es entonces
que recorro las calles
llevando tu recuerdo como brújula,
dirigiéndome entonces
hacia donde mi corazón se sobresalta,
como sí en cada vuelta de esquina
se preparara a la sorpresa de encontrarte,
en ocasiones con la insólita idea oscura
de verte tan errabunda
como lo he llegado a estar yo mismo...

Camino y busco
entre los aparadores un pretexto
para encontrarte viva y arrogante,
como siempre te has manifestado,
sin embargo, es mi desilusión
el no hallarte en los rostros de la gente,
perderme entre los empedrados
imaginando en cada uno de ellos
los momentos que fugazmente pasamos juntos...

Te recuerdo en los cimientos
de las ruinas de mi alma,
en cada piedra
que lleva labrada la despedida...
A veces me basta un café
y un poco de lluvia,
un cristal mojado
con lágrimas de querubines y serafines,
es entonces que me albergo
en mi propia sensación,
que los vapores de las caricias
que me obsequiaras regresan
y me aturden
como un ensueño perenne y anhelado...